La industria de la moda me dice que tengo que ser delgada, la televisión me dice que tengo que ser guapa (o que tengo que comprar productos de maquillaje como si no hubiera un mañana para disimular que no lo soy). La sociedad me dice que tengo que ser hija, madre, mujer y trabajadora, a poder ser, todo antes de los 30 y, además, hacerlo todo bien.
Y yo, ajena a todo lo que se espera de mí, sólo quiero ser yo.
Yo, con mis virtudes y mis defectos. Yo, con mis pelos revueltos de buena mañana y el pijama descasado porque me he puesto las partes más cómodas de dos pijamas distintos. Yo, con mi ordenado desorden y mis "mañana me pongo y ordeno todo" que rara vez se cumplen. Yo, con mis ironías y sarcasmos que aprendí a usar para defenderme de pequeña y ahora son parte de mí. Yo, con mi sonrisa por bandera y mis ganas de mejorar cada día. Yo.
Y tú debes ser tú y no lo que los demás quieren que seas. Porque tú y yo somos una mezcla maravillosa formada por el lugar del que venimos, por lo que nos enseñaron nuestros padres, nuestros mayores y nuestros maestros, por las experiencias que hemos vivido y las veces que nos hemos caído y vuelto a levantar; por la gente que conocemos, la que está con nosotros y la que se quedó por el camino. Todo eso nos hace únicos, irrepetibles, especiales.
Que no os hagan creer que tenemos que ser "perfectos", porque nadie lo es. No tenemos que ser perfectos, tenemos que ser felices, y la felicidad no consiste en tenerlo todo, sino en disfrutar de lo que tienes. Disfruta de tu vida, de tu cuerpo, de las experiencias que te ofrezca la vida; disfruta de la gente que te rodea y no dejes de intentar conseguir tus sueños, los tuyos propios, y no los de los demás.
La vida es demasiado corta para ser lo que otros quieren que seas.

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